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martes, 5 de abril de 2016

Madurez Humana y Cristiana



Madurez humana y Cristiana


¿Qué es la madurez humana y cristiana?

La madurez humana: consiste en la coherencia entre lo que se es y lo que se profesa, y que tiene su expresión externa más convincente en la fidelidad y responsabilidad en el cumplimiento de los compromisos y deberes contraídos con Dios, con la Iglesia y con los hombres. Para ello es necesario hacer un esfuerzo constante para lograr la capacidad de tomar prudentes decisiones y opciones definitivas, la estabilidad de espíritu, la integración serena de las fuerzas emotivas y de los sentimientos bajo el dominio de la razón y de la voluntad, de la fe y de la caridad, la actitud de apertura y donación constante a los demás, sin excepción de personas, y la rectitud en el modo de juzgar sobre las personas y sobre los acontecimientos de la vida. La madurez no es una cualidad única, sino una virtud formada por muchos y variados aspectos. Es una gama de actitudes ante la vida.


La madurez espiritual: es un proceso que comienza cuando una persona acepta a Jesucristo como su Salvador. Él o ella renacen en el Espíritu Santo y escoge vivir "en Cristo." El apóstol Pablo dijo que el crecimiento espiritual es un proceso continuo. "No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo alcanzado. Pero una cosa hago: Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús". Por lo tanto, para que se desarrolle la madurez cristiana en su vida, debe tomar la decisión de aprender la Palabra de Dios para renovar su mente, y entonces obedecer aquello que ha aprendido.

Retos y Perspectivas ante la Globalización



Retos y perspectivas ante la globalización

Desde el punto de vista ético, puede tener una valoración positiva o negativa. En realidad, hay una globalización económica que trae consigo ciertas consecuencias positivas, como el fomento de la eficiencia y el incremento de la producción, y que, con el desarrollo de las relaciones entre los diversos países en lo económico, puede fortalecer el proceso de unidad de los pueblos y realizar mejor el servicio a la familia humana. Sin embargo, si la globalización se rige por las meras leyes del mercado aplicadas según las conveniencias de los poderosos, lleva a consecuencias negativas.
Tales son, por ejemplo, la atribución de un valor absoluto a la economía, el desempleo, la disminución y el deterioro de ciertos servicios públicos, la destrucción del ambiente y de la naturaleza, el aumento de las diferencias entre ricos y pobres, y la competencia injusta que coloca a las naciones pobres en una situación de inferioridad cada vez más acentuada.
La Iglesia, aunque reconoce los valores positivos que la globalización comporta, mira con inquietud los aspectos negativos derivados de ella. hacer  frente  a  esta crisis  remediando el  fracaso  de  la  globalización  de  la  avaricia  y  transformarla  en  una oportunidad para crear una globalización basada en la solidaridad, la justicia y la paz.
Los  pobres,  que  son  los  menos  responsables  de  la  crisis  económica,  serán  los  que  tendrán mayores problemas para sobrellevarla.
En  la  aceleración  del tiempo de  las  evoluciones  históricas  en  las que  nos  encontramos tres factores:
• La formación de una sociedad mundial en la que los poderes políticos, económicos y culturales se ven cada vez más remitidos recíprocamente unos a otros y se tocan y se complementan mutuamente en sus respectivos ámbitos.
• El  desarrollo de  posibilidades  para  hacer y  destruir que,  más  allá  de  lo  que  hasta ahora era habitual, plantean la cuestión del control legal y ético del poder.
El encuentro de culturas y religiones como matriz de un hecho universal: en el proceso de  encuentro  y  compenetración  de  las culturas  se han  quebrado  y,  por  cierto, bastante profundamente, certezas éticas que hasta ahora se consideraban básicas. Y así  se  convierte  en  una  cuestión  de  gran  urgencia  la  de  cómo  las  culturas  que  se encuentran,  pueden  hallar  fundamentos  éticos  que  puedan  conducir  su  convivencia por el camino correcto y permitan construir una forma de domar y ordenar ese poder, de la que puedan responsabilizarse en común.
· Dado que el eje central de la globalización es económico, éste se presenta con una clara desvalorización de lo humano, donde los pueblos son condenados a la pobreza para mantenerse en un sistema económico que poco le interesa las necesidades humanas. Hasta ahora la injusticia (que ocasiona violencia) es el talón de Aquiles de esta globalización.
· Por último, necesitamos que la cultura no se convierta en una máscara y que el ser humano pueda encontrarse a sí mismo. La expresión "conócete a ti mismo", que ha sido formulado en diversas culturas, está indicando directamente a la mente y el corazón del ser humano. Por eso, la ética del "conócete a ti mismo" puede tomar diversas formas culturales. La ética del conocimiento de sí mismo no una fórmula, sino una vivencia.

Globalización y Multicularidad



La Globalización y La Multiculturidad

Cuando hablamos de multicularidad hacemos referencia a todo conocimiento, arte, creencias, leyes, lo moral, costumbres y todos aquellos hábitos y habilidades adquiridos por el hombre en la en su entorno familiar y social como perteneciente a este. También podemos decir que la cultura también se define en las ciencias sociales como un conjunto de ideas, comportamientos, símbolos y prácticas sociales, aprendidos de generación en generación a través de la vida en sociedad. Sería el patrimonio social de la humanidad o, específicamente, una variante particular del patrimonio social.
La cultura según su contenido ético se divide en tres caracteres que son:
·  Carácter ontológico: La cultura hace referencia al nuestro ser, no es un ornato ni un saber para privilegiados. Lo que somos se constituye dentro y por la cultura que heredamos y constituimos. La cultura no pertenece al orden del “tener” sino a la dimensión del “ser”.
·  Carácter social: Una forma de vida que se constituye en comunidad. La cultura permite una solidaridad que le da cohesión al grupo social.
·   Carácter histórico: Una cultura no hace referencia a un conjunto de objetos que se conservan como reliquias, sino a una vivencia que tiene historia, por lo tanto sujeta a cambios e influencias. Por lejana o cercana que haya sido, la mayoría de culturas históricas han participado de inter-influencias, sea en la formas de “aculturación”, “transculturación”, “resistencia cultural” o “asimilación”. El temor, no saber apropiarse de lo extraño y el poder con que se impone lo extraño hacen que las personas se aferren a estructuras fijas, sean ritos, costumbres, actividades, ideas, etc.
También existen tres tendencias de las grandes culturas que son:
· Tendencia expansionista: Si bien es cierto que muchas culturas han permanecido en  espacios locales, otras buscaron extenderse, algunas de las cuales llegaron a constituir grandes imperios. Las grandes culturas en diversas partes del mundo demostraron su vocación universal expandiendo sus imperios.
· Tendencia exclusivista: Las grandes culturas también han mostrado una tendencia exclusivista. Recordemos que la civilización china de la época medieval se consideraba los cultos y civilizados, viendo a los demás como "bárbaros", igual que los griegos de la  época antigua, los romanos y los derechos exclusivos para los romanos libres excluyendo al esclavo y extranjero, el etnocentrismo de la cultura europea moderna, islámica, etc.
·  Tendencia a crecer y a morir: Por último, las grandes culturas también han mostrado ser hijas del tiempo: nacieron, se desplegaron, decayeron y murieron. Todo gran imperio murió, a pesar de los siglos que permanecieron. Por eso, nada garantiza que este capitalismo global vaya a permanecer para siempre.