Madurez Humana y Cristiana
La madurez humana: consiste en la coherencia entre lo que se es y lo que se
profesa, y que tiene su expresión externa más convincente en la fidelidad y
responsabilidad en el cumplimiento de los compromisos y deberes contraídos con
Dios, con la Iglesia y con los hombres. Para ello es necesario hacer un
esfuerzo constante para lograr la capacidad de tomar prudentes decisiones y
opciones definitivas, la estabilidad de espíritu, la integración serena de las
fuerzas emotivas y de los sentimientos bajo el dominio de la razón y de la
voluntad, de la fe y de la caridad, la actitud de apertura y donación constante
a los demás, sin excepción de personas, y la rectitud en el modo de juzgar
sobre las personas y sobre los acontecimientos de la vida. La madurez no es una
cualidad única, sino una virtud formada por muchos y variados aspectos. Es una
gama de actitudes ante la vida.
La madurez espiritual:
es un proceso que comienza cuando una persona acepta a Jesucristo como su
Salvador. Él o ella renacen en el Espíritu Santo y escoge vivir "en
Cristo." El apóstol Pablo dijo que el crecimiento espiritual es un proceso
continuo. "No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que
prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por
Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo alcanzado. Pero una cosa
hago: Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está
adelante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en
Cristo Jesús". Por lo tanto, para que se desarrolle la madurez cristiana
en su vida, debe tomar la decisión de aprender la Palabra de Dios para renovar
su mente, y entonces obedecer aquello que ha aprendido.
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