Desde el punto de vista ético, puede tener una valoración positiva o
negativa. En realidad, hay una globalización económica que trae consigo ciertas
consecuencias positivas, como el fomento de la eficiencia y el incremento de la
producción, y que, con el desarrollo de las relaciones entre los diversos
países en lo económico, puede fortalecer el proceso de unidad de los pueblos y
realizar mejor el servicio a la familia humana. Sin embargo, si la
globalización se rige por las meras leyes del mercado aplicadas según las
conveniencias de los poderosos, lleva a consecuencias negativas.
Tales son, por ejemplo, la atribución de un valor absoluto a la
economía, el desempleo, la disminución y el deterioro de ciertos servicios
públicos, la destrucción del ambiente y de la naturaleza, el aumento de las
diferencias entre ricos y pobres, y la competencia injusta que coloca a las
naciones pobres en una situación de inferioridad cada vez más acentuada.
La Iglesia, aunque reconoce los valores positivos que la globalización
comporta, mira con inquietud los aspectos negativos derivados de ella.
hacer frente a esta
crisis remediando el fracaso
de la globalización
de la avaricia
y transformarla en una
oportunidad para crear una globalización basada en la solidaridad, la justicia
y la paz.
Los pobres, que
son los menos
responsables de la
crisis económica, serán
los que tendrán mayores problemas para sobrellevarla.
En la aceleración
del tiempo de las evoluciones
históricas en las que
nos encontramos tres factores:
• La formación de una sociedad mundial en la que los poderes políticos,
económicos y culturales se ven cada vez más remitidos recíprocamente unos a
otros y se tocan y se complementan mutuamente en sus respectivos ámbitos.
• El desarrollo de posibilidades
para hacer y destruir que, más
allá de lo
que hasta ahora era habitual,
plantean la cuestión del control legal y ético del poder.
• El encuentro de culturas y religiones como matriz de un hecho universal:
en el proceso de encuentro y
compenetración de las culturas
se han quebrado y,
por cierto, bastante
profundamente, certezas éticas que hasta ahora se consideraban básicas. Y
así se
convierte en una
cuestión de gran
urgencia la de
cómo las culturas
que se encuentran, pueden
hallar fundamentos éticos
que puedan conducir
su convivencia por el camino
correcto y permitan construir una forma de domar y ordenar ese poder, de la que
puedan responsabilizarse en común.
· Dado que el eje central de la globalización es económico,
éste se presenta con una clara desvalorización de lo humano, donde los pueblos
son condenados a la pobreza para mantenerse en un sistema económico que poco le
interesa las necesidades humanas. Hasta ahora la injusticia (que ocasiona
violencia) es el talón de Aquiles de esta globalización.
· Por último, necesitamos que la cultura no se convierta en
una máscara y que el ser humano pueda encontrarse a sí mismo. La expresión
"conócete a ti mismo", que ha sido formulado en diversas culturas,
está indicando directamente a la mente y el corazón del ser humano. Por eso, la
ética del "conócete a ti mismo" puede tomar diversas formas
culturales. La ética del conocimiento de sí mismo no una fórmula, sino una
vivencia.